
La historia de Pincelín
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La historia del Mesón de Pincelín es, ante todo, la historia de una familia y de una forma de entender la mesa. Todo comenzó hace más de medio siglo, cuando Pascual Blanco, conocido cariñosamente como “El Pincelín” por su impecable presencia y elegancia, decidió junto a su esposa, Doña Josefa, transformar una humilde tasca en un lugar donde la buena comida y el trato cercano fueran la esencia de cada día.
Desde aquellos primeros años, marcados por el esfuerzo, la pulcritud y el cariño al oficio, el mesón fue creciendo sin perder nunca sus raíces. La filosofía de Pascual y Josefa —respeto al producto, atención al detalle y una hospitalidad sincera— se convirtió en el alma del establecimiento. Su legado sigue vivo en cada rincón: en el artesonado de madera, en las paredes de sillería, en las ventanas emplomadas y en la atmósfera cálida que recibe al visitante como si entrara en casa.
Con el tiempo, la siguiente generación tomó el relevo, manteniendo intactos los valores que dieron origen al mesón. La familia Blanco continuó ampliando la propuesta gastronómica, incorporando mariscos frescos seleccionados cada mañana, carnes de primera calidad, platos tradicionales como la perdiz en escabeche o los gazpachos, y una amplia selección de tapas y entrantes que rememoran los sabores de antaño.
Hoy, el Mesón de Pincelín es un símbolo de Almansa. Un lugar donde se rinde culto a la cocina honesta, al aceite de oliva virgen, a los productos de temporada y al patrimonio gastronómico local. Cada mañana, como manda la tradición, la familia se reúne con el equipo de cocina para decidir el menú del día y crear nuevas especialidades que sorprendan sin olvidar la esencia de siempre.
Más que un restaurante, Pincelín es una historia que ya supera las siete décadas y media de vida. Una tradición que ha atravesado generaciones, un rincón donde la gastronomía se mezcla con la memoria y donde cada visitante pasa a formar parte de un relato que sigue escribiéndose, plato a plato, desde hace más de 70 años.

Nuestras Raíces













Presente de Pincelín
Hoy en día, el Mesón de Pincelín continúa escribiendo su historia con la tercera generación al frente. Diego y Maria Ángeles, herederos del espíritu y la dedicación que marcaron a Pascual Blanco y Doña Josefa, lideran el mesón manteniendo viva la esencia que lo ha convertido en un referente gastronómico.
Bajo su dirección, Pincelín sigue siendo un negocio familiar donde conviven tradición y evolución. Hijos, padres, familiares y un equipo de profesionales comprometidos trabajan cada día para preservar ese ambiente cercano y amable que siempre ha definido la casa. Juntos mantienen el rigor, la calidad y el respeto al producto que caracterizan al mesón desde sus orígenes.
Consciente de la responsabilidad que supone dirigir un restaurante con tanta historia y prestigio, la tercera generación apuesta por una cocina honesta, arraigada al territorio, pero abierta a nuevas ideas que enriquecen la experiencia del comensal. Así, Pincelín sigue creciendo sin perder sus raíces y sigue siendo, como siempre, un lugar donde la tradición se celebra en cada plato.






Aquí, cada comida es una oportunidad para saborear lo mejor de la gastronomía en un ambiente acogedor y familiar.

La barra de Pincelín
¿Donde Quedamos? Pues en la Barra de Pincelín. La barra es nuestro lugar de encuentro, de charlas, y de amigos, donde cualquier momento se convierte en especial disfrutando de los clásicos de nuestra cocina o probando nuevas propuestas gastronómicas . Si además te apetece un buen vino por copas, la Barra de Pincelín es el lugar idóneo, aunque si eres amante de una caña bien tirada o una cerveza artesana, en nuestra barra disfrutarás de cualquiera de ellas en el mejor ambiente.
Tapear con Mojama de almadraba, hueva de Mujol , Chacinas de Joselito... O disfrutar del mejor marisco, tanto de la Bahía de Santa Pola como de Cambados.
Cuando te apetece Pincelín en formato informal, la barra es tu lugar.


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El Mesón
El comedor principal, presidido por un óleo histórico de Pascual Blanco, reúne el espíritu del mesón: un lugar donde la tradición familiar se combina con un servicio impecable y un ambiente acogedor. La bodega vista, integrada en la sala, añade personalidad y refuerza la experiencia del cliente al mostrar la cuidada selección de vinos que acompaña nuestra gastronomía.
En la zona de barra, el ritmo es más cercano y animado. Es un espacio vivo, heredero del espíritu de los antiguos bares castellanos, donde se disfrutan tapas, vinos y conversación. Un punto de encuentro para quienes buscan un ambiente distendido sin renunciar a la calidad.
Cada salón, cada arco y cada mesa del Mesón de Pincelín cuentan un capítulo de nuestra historia. Nuestro local es un hogar para los que nos visitan y un reflejo fiel de nuestra identidad: tradición cuidada, ambiente familiar y la sensación de estar siempre en buena compañía.








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